Las constituyentes de 1952 y de 2017 - artículo del Dr. José Toro Hardy

El 30 de noviembre de 1952 se eligió una asamblea constituyente para modificar la Constitución y para designar un presidente provisional para Venezuela. No podían participar ni Acción Democrática ni el Partido Comunista, toldas que habían sido ilegalizadas. En ausencia de ellas Unión Republicana Democrática pasó a ser el partido más importante.

Aunque se pensó en llamar a la abstención, al final no se hizo. URD y Copei fueron los partidos que presentaron tarjeta en oposición al FEI de Marcos Pérez Jiménez.

Según datos no oficiales proporcionados por Armando Veloz Mancera, URD obtuvo un amplio triunfo con casi 1,2 millones de votos, seguido por el FEI que logró casi 400.000, en tanto que Copei obtuvo 306.000 sufragios. Sin embargo, los resultados anunciados por el gobierno fueron bien diferentes.

El Consejo Electoral, dominado por el régimen, proclamó vencedor al FEI con algo más de 788.000 votos. Desde luego, esos resultados eran fraudulentos.

Aquella asamblea nacional constituyente aprobó una nueva Constitución y proclamó como presidente a Marcos Pérez Jiménez. A su vez, el régimen envió al exilio a Jóvito Villalba.

No hay nada nuevo bajo el sol. Los fraudes electorales no son cosa nueva en nuestra historia.

Ahora bien, en los siguientes años Pérez Jiménez logró mantenerse firmemente en el poder con el decidido apoyo de las Fuerzas Armadas. Pero un nuevo fraude, esta vez de corte socialista, está ocurriendo hoy en nuestro país. Cabe preguntarse, ¿será que los autores del actual engaño podrán consolidarse por algunos años en el poder, tal como logró hacerlo Pérez Jiménez? Para analizarlo es necesario estudiar las enormes diferencias entre aquellas circunstancias y las actuales.

En 1952 el mundo aún estaba fuertemente influido por los resultados de la Segunda Guerra Mundial. El papel de Venezuela había sido fundamental. Habíamos aportado más de 60% del petróleo utilizado por las fuerza aliadas.

En 1952 había sido derrocado el sha de Irán por su primer ministro Mossadegh y se interrumpió el suministro petrolero de ese país. Por otra parte, una inmensa riqueza petrolera surgía en el golfo Pérsico. Todo aquel petróleo tenía que transitar por el Canal de Suez, a través de Egipto, para llegar a los mercados europeos donde era urgentemente necesitado.

Pero también en 1952 el rey Faruk de Egipto fue destronado por un golpe de Estado encabezado por Gamal Abdel Nasser, quien no tardaría en nacionalizar el Canal de Suez, amenazando así esa vital arteria petrolera.

La posición estratégica de Venezuela, en el norte de Suramérica, adquirió aún mayor relevancia. El mundo necesitaba de nuestro petróleo y Pérez Jiménez era una garantía de estabilidad para el flujo seguro de esos hidrocarburos hacia los mercados. Aquello se tradujo en importantes ingresos adicionales que bien utilizados permitieron una etapa de prosperidad sin precedentes.

Venezuela pasó a ser el país de mayor crecimiento económico en el mundo entero. En los años siguientes el gobierno otorgó nuevas concesiones petroleras, logrando así substanciales recursos que alimentaron una envidiable etapa de prosperidad.

Pero ya para 1957 los mercados petroleros se habían estabilizado y la sed por el petróleo venezolano no era tan perentoria. Al finalizar su período presidencial Pérez Jiménez no se atrevió a convocar elecciones y en su lugar llevó a cabo un plebiscito, que volvió a perder, pero igual se proclamó vencedor.

Aquel nuevo fraude ocurrió el 15 de diciembre de 1957. Muchos pensaron que Pérez Jiménez se saldría con la suya. Después de todo, contaba con lo que parecía un sólido apoyo de las Fuerzas Armadas. Sin embargo, apenas un mes después –el 23 de enero de 1958– aquellos mismos militares que lucían incondicionales le dieron un golpe de Estado y lo derrocaron.

Vale la pena detenernos aquí para comparar aquella situación con la que ocurre hoy. Acaba de efectuarse la convocatoria a una asamblea constituyente cargada de irregularidades. Conforme a nuestra Constitución una constituyente tiene que ser convocada por el pueblo y su elección debe ser el resultado de una votación universal, directa y secreta. En el caso que nos ocupa, eso no sucedió y, para colmo, todos son conscientes de la cuenta fraudulenta de los votos. Hasta Smartmatic así lo reconoció.

La otra gran diferencia es que en 1953 Venezuela atravesaba por una etapa de prosperidad impresionante. Hoy, en cambio, vivimos lo que probablemente sea la peor crisis económica de nuestra historia. Los años de vacas gordas fueron absurdamente desperdiciados en populismo barato y hoy nuevas tecnologías hacen que nuestro petróleo ya no sea tan indispensable para el mundo. El aparato productivo fue salvajemente destruido y padecemos la tragedia de la inflación más alta del mundo. Sufrimos, además, una severa crisis humanitaria en medio de gravísimos niveles de escasez en alimentos y medicinas.

Hoy en día 40 países han rechazado la constituyente, Mercosur suspendió al régimen, Estados Unidos se apresta a aplicar mayores sanciones, la Unión Europea también, 63 miembros del Grupo de los No alineados no firmaron el apoyo solicitado por el gobierno, en Perú 12 países del hemisferio condenaron la ruptura democrática en Venezuela. Contra el régimen cursan acusaciones en La Haya. En fin, el aislamiento del gobierno crece vertiginosamente. La ONU denuncia un patrón de uso excesivo de la fuerza y tratos crueles e inhumanos y, mientras todo eso ocurre, la producción petrolera se viene a pique y la crisis económica se profundiza.

Creo pues que esta revolución de pacotilla está llegando a su fin. A Venezuela habrá que reconstruirla.

 

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