El enfoque de indiferencia que le da el equipo de Obama, a una Venezuela al punto del colapso, es sumamente peligroso

El Secretario de Estado , John Kerry expresó recientemente la gran preocupación sobre la deteriorada situación de Venezuela en manos del presidente Nicolás Maduro. Ante la Organización de Estados Americanos (OEA), Kerry acertadamente criticó al régimen que ha participado en la caída de Venezuela causando la pobreza extrema y amenazando en dejar permanentemente en el pasado la idea de una democracia Venezolana.

Admirable fue la llamada de Kerry a liberar los presos políticos, encarcelados exclusivamente por su oposición a Maduro. Al igual, demandó el respeto a la libertad de expresión en el país y exigió acción para alivianar la agobiante escasez que actualmente deja a familias Venezolanas sufriendo de hambre. Sin embargo, de más grande importancia fue el apoyo que expresó Kerry hacia la demanda del referéndum revocatorio del gobierno de Maduro, iniciativa popular del pueblo venezolano que exige un cambio.  

Estas acciones son dignas de aplauso. Venezuela se encuentra en un estado desesperado y peligroso y en los últimos meses la situación solo ha empeorado. Los esporádicos cortes de luz se han convertido en un severo racionamiento de la electricidad. Las largas filas en el mercado se han transformado en una lucha frenética y cada vez más mortal para los alimentos. La escasez de medicinas ha llegado a ser tan severa que ahora el 95 por ciento de los hospitales sufren de una severa escasez de materiales. El alto costo en vidas ya está en marcha. Bebes mueren innecesariamente en los hospitales mientras por lo menos cuatro personas murieron en las protestas de junio sobre la escasez de alimentos. La deplorable situación adquiere un tono orwelliano mientras el orden social amenaza en colapsar en cualquier momento. Venezuela se enfrenta a una carrera contra el tiempo antes de que se derrumbe.

Es por esto que para Washington, la situación no solo representa una compleja problemática de política, sino que la participación de los Estados Unidos se ha convertido en una situación de vida o muerte, más aún que Maduro carece de un plan concreto para salvar al país. Su estrategia ha consistido en negar la situación - cerrar los ojos, asignar culpas a conspiraciones foráneas ficticias y rezar por un aumento dramático, y poco probable, del precio del petróleo.  

Por lo tanto, para que los reclamos de Kerry sean sustantivos, deben de convertirse en acciones concretas. Washington deberá usar su peso como potencia regional para exigir que países Latinoamericanos demanden cambios en Venezuela.  Esto ya no es simplemente una cuestión de valores Americanos y prestigio. Al contrario, se ha convertido en una cuestión de salvar vidas.

Sin embargo, es probable que la presión persistente y directa por la parte de Estados Unidos sea manipulada por Maduro para alimentar sus fantasías conspiratorias. Por lo tanto, si Washington realmente desea influenciar la situación, deberá ejercer presión a través de aliados regionales. Deberán comenzar a tomarse en serio a los miembros de la OEA. Maduro ha podido hasta ahora, contar con un grado de fidelidad por la parte de sus vecinos para protegerse contra cualquier acción significativa. El mes pasado, estados miembros de la OEA rechazaron la llamada del Secretario General Luis Almagro a invocar la carta democrática, una convención que podría llevar a la suspensión del gobierno de Venezuela.

Parecería evidente determinar en qué lado del debate debería caer Washington. Sin embargo, Kerry dio a conocer recientemente  que se opone a la iniciativa del Secretario Almagro, llamándola “contraproducente.” Al contrario, expresó su apoyo para el dialogo entre el gobierno de Maduro y la oposición, mismo dialogo encabezado por el ex primer ministro de España Zapatero.  Esto se trata de una iniciativa equivocada.  Este dialogo desperdiciaría demasiado tiempo que en el caso de Venezuela es contraproducente. Además, el presidente Maduro sencillamente no tiene intenciones de abandonar el poder.

El tiempo para sutilezas ha pasado. Venezuela está en necesidad de un cambio ahora y sólo una potencia como Estados Unidos puede lograrlo. Washington deberá volver a examinar su enfoque y presionar a países de la región a que apoyen la iniciativa del Secretario Alamagro. Lo que está en juego no es sólo la democracia Venezolana, sino también la vida de millones de Venezolanos.

 

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